Eso sí, al día siguiente, los veinte jóvenes detenidos fueron puestos en libertad (¿Y si hubieran sido jóvenes antisistema rompiendo los cristales de alguna comisaria?). Y de nuevo, la sociedad mira con recelo a los jóvenes y se pregunta qué está haciendo mal.
Por lo pronto, los lumbreras que ostentan el poder político tienen sus soluciones. En Pozuelo se prohibió el botellón. Bien, ¿y después? ¿Se propone alguna alternativa al alcohol? ¿Por qué no se promueve más el consumo responsable?
Al Defensor del Pueblo se le ha ocurrido otra genial idea, secundada por el PP (lo que da pistas sobre su genialidad): que se vuelva a tratar de usted al profesor. O sea que estamos reduciendo el respeto a una mera fórmula.
El Gobierno de Madrid también ha propuesto algo: restablecer por ley la autoridad del profesor en las aulas. No sé cómo lo harán. ¿Meterán policías en las aulas?
Y mientras esperamos una solución por parte de los políticos (una solución que, evidentemente, no tienen), obviamos la verdadera raíz de este problema: la Educación. España sigue estando en el furgón de cola de los países desarrollados en cuanto a la Educación. Y algunos aún niegan la importancia de educación Para la Ciudadanía. Pero no sólo eso, también las familias deben implicarse en la educación de sus hijos. Y la excusa no debe ser que en el Estado de bienestar, los padres no tienen tiempo para sus hijos. Porque entonces, mejor no tenerlos.
De nosotros, de toda la sociedad, depende que lo de Pozuelo (por muy "pijoborrokas" que fueran) no sea nada más que un síntoma tratable. No esperemos a que la enfermedad se extienda y se haga terminal.





Este fin de semana se celebró en Arenys de Munt (Cataluña) un referéndum para comprobar si los vecinos quieren la independencia catalana. Votó finalmente el 41% del censo (podían votar los mayores de dieciséis años e, incluso, los inmigrantes). El resultado fue que la gran mayoría de los que votaron, lo hicieron a favor de la independencia de Cataluña.
































