"Estado de miedo", mi primera novela

Estado de miedo es mi primera novela. Es una mezcla entre política, thriller, asesinatos y romanticismo. Está ambientada en una España dominada por el racismo y la xenofobia. En ese ambiente, un partido de ultraderecha está a punto de ganar las elecciones generales. Sin embargo, un joven afiliado a dicho partido es acusado de asesinar a una familia de inmigrantes rumanos. Un joven recién licenciado en Derecho, amigo de la infancia del supuesto asesino y con unas ideas políticas totalmente contrarias, le defenderá. Será entonces cuando descubra la realidad que esconde el brutal asesinato.
La novela la podéis comprar (o descargar) aquí. Os dejo con un fragmento:

"Mientras Fernando Castillo soltaba su discurso frente a sus simpatizantes, la policía recibía un aviso en un piso de Valencia. Se oían gritos. Se presentaron dos agentes en la puerta, pero tras tocar el timbre, nadie contestó. Tocaron la puerta y se dieron cuenta de que estaba abierta. Atravesaron el umbral y vieron varias manchas de sangre en el suelo y en la pared. El agente Ramos, un agente experto en intervenir en peleas domésticas, le dijo a su compañero, el novato agente Domínguez:


-Ve al coche y pide refuerzos por radio.

-Pero…

-Ve al puto coche y pide refuerzos.

El agente Domínguez obedeció. Su compañero, el agente Ramos, avanzó por el pasillo, siguiendo el rastro de la sangre hasta llegar al comedor. Allí se topó con una escena dantesca, que ni el mejor escritor de terror podría describir. Las paredes, ventanas, suelo y techo estaban cubiertos de sangre. Parecía aquello el escenario de una película gore de bajo presupuesto. Por un momento, el experimentado agente Ramos sintió deseos de buscar una cámara de cine que le estuviese grabando, deseó que aquello no fuese más que una estúpida broma. Pero la realidad le despertó cuando su compañero apareció detrás de él, obligándole a resoplar del susto.

-Joder, te había dicho que fueras a pedir refuerzos.

-Ya los he pedido.

-¿Y por qué no te has quedado allí?

-Usted no me lo había dicho –y, fijando la vista en el sangriento escenario, añadió-: ¿Es lo que creo que es?

-Sí. En el sofá están los cadáveres de una mujer y el que debió ser su bebé. Sobre la mesa, el cadáver del que debió ser su marido. Todos cosidos a puñaladas.

-Dios mío. ¿El que lo hizo estará aún aquí?

-Puede. Vamos a explorar el resto de la casa.

-¿Y los refuerzos?

-Siempre llegan tarde.

Exploraron una de las habitaciones. Nada. Después otra nada.

-Si hay alguien –dijo el agente Ramos-, tiene que estar aquí, en el cuarto de baño.

-Sí.

Abrieron la puerta y, en efecto, allí había un joven de veintipocos años, sentado sobre la taza del váter y con la vista clavada en el suelo. Tenía la ropa manchada de sangre. Los agentes le apuntaron con sus pistolas al grito de:

-Arriba las manos.

Lentamente, el joven obedeció la orden. Cuando levantó la cabeza, el agente Ramos murmuró:

-Pupilas dilatadas. Sin duda estará drogado.

En el suelo, a los pies del joven, había un cuchillo lleno de sangre y con la punta rota. Seguramente el trozo que faltaba estaría en el cuerpo de alguna de las víctimas.

-Busca la identificación de este cabrón –le dijo el agente Ramos a su compañero mientras esposaba al sospechoso y le leía sus derechos.

El agente Domínguez buscó en los bolsillos del joven. Encontró una cartera de cuero negra. La abrió y, a parte de diez euros, encontró un único carnet.

-Mierda –exclamó el agente Domínguez.

-¿Qué pasa?

El novato le mostró el carnet a su compañero y entendió su preocupación."